De La Teoría A La Práctica
Dante López

En el último número de América Espírita dijimos que el Espiritismo no es un fin en sí mismo, que sólo  explica los enigmas de la evolución, pero que no soluciona por sí sólo los problemas existenciales.

Es cierto que el estudio y conocimiento de las leyes que rigen el progreso nos pone en una perspectiva histórico-temporal que reduce ansiedades y permite comprender para qué encarnamos. Nos impulsa a ser mejores personas, dispuestas a poner en práctica el bien que comprendemos, más responsables y también más conscientes del impacto de nuestras acciones. Pero hay algo más, es necesario ir más profundo.

No se trata de conformarnos con lo que ya tenemos adquirido. Sin dejar de ser felices por lo alcanzado tenemos que ir por lo que nos falta, que es la forma del progreso consciente.

En este punto juega un papel muy importante el hábito de la reflexión para el desarrollo de la intuición. La intuición es una vía de contacto con los espíritus que nos conocen y pueden ayudarnos en la evolución consciente. La otra herramienta que aporta el Espiritismo es la utilización de la mediumnidad para identificar cuáles han sido los propósitos que nos hicimos antes de encarnar.

Para este último punto es necesario disponer de un grupo de trabajo especialmente desarrollado para esta función, con la suficiente reserva como para exponer nuestras dudas íntimas. Cuando esto se logra, las posibilidades se multiplican.

Todos los espíritus que encarnamos en este plano tenemos carencias a resolver. En los errores que cometemos habitualmente podemos encontrar indicios y escuchando a quienes nos conocen podremos tener aproximaciones. Estar dispuestos a escuchar con humildad a los espíritus encarnados es una buena forma de predisponernos también a escuchar a los espíritus desencarnados. Todos necesitamos dejar un poco de lado nuestro ego para dar el paso siguiente, y esto es parte del desafío de la evolución consciente.

Cuando Jaci Regis dice: “La evolución es solitaria, pero solidaria” nos está diciendo que difícilmente solos podremos identificar y cumplir sin ayuda nuestros objetivos de vida. Puede suceder que tengamos contradicciones en nuestra personalidad como mucho desarrollo intelectual y poca capacidad para manifestar el afecto o que simplemente nuestra familia nos reclame alguna actitud que no condice con nuestra capacidad en otro sentido.

También hemos observado que, al final de su vida, hay quienes sufren limitaciones o frustraciones por no haber sabido o podido cambiar a tiempo. En este nivel de comprensión del conocimiento espírita, cuando ya hemos entendido cómo funcionan las leyes de Dios, es necesario, más que nunca ir hacia la búsqueda consciente de nuestras limitaciones para identificarlas y empezar a resolverlas. Esta sola actitud nos traerá alivio y felicidad, porque habremos retomado las senda de la evolución consciente.

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